DALIA PAULINA RAUDÓN SÁNCHEZ
“LA EDUCACIÓN ENCIERRA UN TESORO”
Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación en el siglo XXI
Presidida por Jacques Delors
La educación o la utopía necesaria
Frente a los numerosos desafíos del porvenir, la educación constituye un instrumento indispensable para que la humanidad pueda progresar hacia los ideales de paz, libertad y justicia social.
Al final de un siglo cara c t e rizado por el ruido y la furia tanto como por los progresos económicos y científicos—por lo demás repartidos d e s i g u a l m e n t e-, en los albores de un nuevo siglo ante cuya perspectiva la angustia se enfrenta con la espera n z a , es imperativo que todos los que estén investidos de alguna responsabilidad presten atención a los objetivos y a los medios de la educación.
Al aceptar el mandato que les fue confiado, los miembros de la Comisión adoptaron explícitamente esta perspectiva y, apoyados en argumentos , destacaron la función central de la UNESCO, conforme a la idea fundacional que se basa en la esperanza de un mundo mejor, capaz de respetar los derechos del hombre y la mujer, practicar el entendimiento mutuo y hacer del progreso del conocimiento un instrumento de promoción del género humano, no de discriminación .
El marco prospectivo
Este último cuarto de siglo ha estado marcado por notables descubrimientos y progresos científicos , muchos países han salido del subdesarrollo y el nivel de vida ha continuado su progresión con ritmos mu yd i fe rentes según los países. Y, sin embargo, un sentimiento de desencanto parece dominar y contrasta con las esperanzas nacidas inmediatamente después de la última guerra mundial. Podemos entonces hablar de las desilusiones del progres o, en el plano económico y social.
Este último cuarto de siglo ha estado marcado por notables descubrimientos y progresos científicos, muchos países han salido del subdesarrollo y el nivel de vida ha continuado su progresión con ritmos mu y d i fe rentes según los países. Y, sin embargo, un sentimiento de desencanto parece dominar y contrasta con las esperanzas nacidas inmediatamente después de la última guerra mundial. Podemos entonces hablar de las desilusiones del progres o, en el plano económico y social.
Pero, ¿cómo aprender a vivir juntes en la “aldea planetaria” si no podemos vivir en las comunidades a las que pertenecemos por naturaleza: la nación, la región, la ciudad, el pueblo, la vecindad? El interrogante central de la democracia es si queremos y si podemos participar en la vida en comunidad.
Las tensiones que han de superarse
La tensión entre lo mundial y lo local: convertirse poco a poco en ciudadano del mundo sin perder sus raíces y participando activa m e n t e en la vida de la nación y las comunidades de base.
La tensión entre lo universal y lo singular: la mundialización de la cultura se realiza progresivamente pero todavía parcialmente.
La tensión entre tradición y modernidad pertenece a la misma problemática: adaptarse sin negarse a sí mismo,
La tensión entre el largo plazo y el corto plazo, tensión eterna pero alimentada actualmente por un predominio de lo efímero y de la instantaneidad.
La tensión entre la indispensable competencia y la preocupación por la igualdad de oportunidades
La tensión entre el extraordinario desarrollo de los conocimientos y las capacidades de asimilación del ser humano. Será necesario escoger, en una clara estrategia de reforma, pero a condición de preservar los elementos esenciales de una educación básica que enseñe a vivir mejor mediante el conocimiento, la experimentación y la formación de una cultura personal.
La tensión entre lo espiritual y lo material, que también es una constatación eterna.
Pensar y edificar nuestro futuro común
Nuestros contemporáneos experimentan una sensación de vértigo al verse ante el dilema de la mundialización. La educación debe afrontar este problema porque se sitúa más que nunca en la perspectiva del nacimiento doloroso de una sociedad mundial, en el núcleo del desarrollo de la persona y las comunidades.
Su realización, larga y difícil, será una contribución esencial a la búsqueda de un mundo más vivible y más justo.
Todo convida entonces a revalorizar los aspectos éticos y culturales de la educación, todo se ordena , ya se trate de las exigencias de la ciencia y la técnica, del conocimiento de sí mismo y de su medio ambiente, o de la creación de capacidades que permitan a cada uno actuar como miembro de una familia , como ciudadano o como productor.
La Comisión es consciente de las misiones que debe cumplir la educación al servicio del desarrollo económico y social.
La Comisión piensa que un sistema más flexible que permita la diversidad de estudios, pasarelas entre diversos campos de enseñanza o entre una experiencia profesional y un regreso a la formación constituye una respuesta válida a las cuestiones planteadas por la inadecuación entre la oferta y la demanda de trabajo debe imponerse el concepto de educación durante toda la vida con sus ventajas de flexibilidad, diversidad y accesibilidad en el tiempo y el espacio. Es la idea de educación permanente.
Implantar la educación durante toda la vida en el seno de la sociedad
Ya hace tiempo se destacaba la necesidad de volver a la escuela para poder afrontar las novedades que surgen en la vida privada y en la vida profesional. Esta necesidad persiste, incluso se ha acentuado, y la única forma de satisfacerla es que todos aprendamos a aprender.
También se nos exige comprender mejor al otro, comprender mejor el mundo. Exigencias de entendimiento mutuo, de diálogo pacífico y, por qué no, de armonía , aquello de lo cual, precisamente, más carece nuestra sociedad.
La Comisión a insistir especialmente en uno de los cuatro pilares presentados e ilustrados como las bases de la educación. Se trata de aprender a vivir juntes conociendo mejor a los demás.
La Comisión piensa en una educación que genere y sea la base de este espíritu nuevo, lo que no quiere decir que haya descuidado los otros tres pilares de la educación que, de alguna forma, proporcionan los elementos básicos para aprender a vivir juntos.
Lo primero, aprender a conocer. Pero, teniendo en cuenta los rápidos cambios derivados de los avances de la ciencia y las nuevas formas de la actividad económica y social, conviene compaginar una cultura general suficientemente amplia con la posibilidad de estudiar a fondo un número reducido de materias.
Aprender a hacer. Conviene no limitarse a conseguir el aprendizaje de un oficio y, en un sentido más amplio, adquirir una competencia que permita hacer frente a numerosas situaciones, algunas imprevisibles, y que facilite el trabajo en equipo.
Por último, y sobre todo, aprender a ser.
La Comisión se ha hecho eco de otra utopía: la sociedad educativa basada en la adquisición, la actualización y el uso de los conocimientos.
Reconsiderar y unir las distintas etapas de la educación
A1 centrar sus propuestas en torno al de educación durante toda la vida, la Comisión no ha querido decir con ello que este salto cualitativo dispensara de una reflexión sobre las distintas etapas de la enseñanza.
La educación durante toda la vida permite, sencillamente, ordenar las distintas etapas, p reparar las transiciones, diversificar y valorizar las trayectorias.
Hay que añadir dos observaciones, que son importantes en opinión de la Comisión.
La educación básica tiene que llegar, en todo el mundo, a los 900 millones de adultos analfabetos, a los 130 millones de niños sin escolarizar y a los más de 100 millones de niños; que abandonan la escuela entes de tiempo.
Lo que representa una de las principales dificultades de toda reforma, es decir, cuál es la política que se debe llevar a cabo con respecto a los jóvenes y adolescentes que acaban la enseñanza primaria, durante todo el periodo que transcurre hasta su entrada en la vida profesional o en la universidad.
Entre las distintas vías que se ofrecen deberían figurar las ya tradicionales, más orientadas hacia la abstracción y la conceptualización, pero también las que, enriquecidas por una alternancia entre la escuela y la vida profesional o social, permiten sacar a la luz otro tipo de talentos y gustos. En cualquier caso habría que tender puentes entre esas vía, de manera que se pudieran corregir los errores de orientación que con harta frecuencia se cometen.
Hace falta, una gestión del desarrollo de los recursos humanos, aunque tenga un alcance limitado, mediante una reforma de la enseñanza secundaria que adopte las grandes líneas propuestas por la Comisión.
La interdependencia planetaria y la mundialización son fenómenos esenciales de nuestra época. Actúan ya en el presente y marcarán con su impronta el siglo XXI. Hoy hacen ya necesaria una reflexión global -que trascienda ampliamente los ámbitos de la educación y la cultura- sobre las funciones y las estructuras de las organizaciones internacionales.
El principal riesgo está en que se produzca una ruptura entre una minoría capaz de moverse en ese mundo en formación y una mayoría que se sienta arrastrada por los acontecimientos e impotente para influir en el destino colectivo, con riesgo de retroceso democrático y de rebeliones múltiples.
La utopía orientadora que debe guiar nuestros pasos consiste en lograr que el mundo converja hacia una mayor comprensión mutua, hacia una intensificación del sentido de la responsabilidad y de la solidaridad, sobre la base de aceptar nuestras diferencias espirituales y culturales. Al permitir que todos tengan acceso al conocimiento, la educación tiene un papel muy concreto que desempeñar en la realización de esta tarea universal: ayudar a comprender el mundo y a comprender al otro, para así comprenderse mejor a sí mismo.
Capitulo 2
La política de educación debe diversificarse suficientemente y concebirse de modo que no constituya un factor adicional de exclusión.
Socialización de cada individuo y desarrollo personal no deben ser dos factores antagonistas. Hay pues que tender hacia un sistema que se esfuerce en combinar las virtudes de la integración y el respeto de los derechos individuales.
La educación no puede resolver por si sola los problemas que plantea la ruptura (allí donde se da) del vinculo social. De ella cabe esperar, no obstante, que contribuya a desarrollar la voluntad de vivir juntes, factor básico de la cohesión social y de la identidad nacional.
La escuela sólo puede llevar a buen puerto esta tarea si, por su parte, contribuye a la promoción e integración de los grupos minoritarios, movilizando a los mismos interesados, cuya personalidad debe respetar.
La democracia parece progresar, según formas y etapas adaptadas a la situación de cada país. Pero su vitalidad se halle amenazada constantemente. Es en la escuela donde debe iniciarse la educación para una ciudadanía consciente y activa.
En cierto modo, la ciudadanía democrática es un corolario de la virtud cívica.
Pero puede fomentarse o estimularse mediante una instrucción y unas prácticas adaptadas a la sociedad de la comunicación y la información. Se trata de proporcionar claves de orientación con miras a reforzar la capacidad de comprender y de juzgar.
Incumbe a la educación la tarea de inculcar tanto a los niños como a los adultos las bases culturales que Ies permitan descifrar en la medida de lo posible el sentido de las mutaciones que están produciéndose. Para ello se requiere efectuar una selección en la masa de informaciones para poder interpretarlas mejor y situar los acontecimientos en una historia global.
Los sistemas educativos deben responder a los múltiples retos que les lanza la sociedad de la información, en función siempre de un enriquecimiento continuo de los conocimientos y del ejercicio de una ciudadanía adaptada a las exigencias de nuestra época.
sábado, 15 de mayo de 2010
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